Luis Leante: “La vida eterna me parece un castigo más que un premio”

La editorial Murcia Libro apuesta por el teatro con el caravaqueño Luis Leante. El que resultó ganador del Premio Alfaguara hace algunos años regresa con Se ofrece mezzosoprano para labores del hogar y otras dos piezas breves, un libro compuesto por tres textos teatrales en los que el paso del tiempo, la vejez y sus consecuencias planean sobre cada palabra de sus protagonistas.

luis leanteUsted se caracteriza por haber cultivado diversos géneros: novela, poesía, teatro… ¿Cuál de ellos prefiere?

No hay ningún género por el que sienta preferencia. Cada historia requiere un formato. La novela es por lo que más se me conoce, pero he escrito casi de todo. Yo empecé a escribir teatro a los veinte años. A esa edad no le temía a ningún género, ni siquiera a la poesía, que tanto respeto me produce ahora. Nunca he dejado de escribir teatro. Pero yo escribía para que los textos se representaran, y eso fue frustrante. El mundo de la producción teatral era un enigma para mí. Y todavía lo sigue siendo. Tardé muchos años en que se representara una obra mía, y entonces comprendí lo efímero que podía ser el fruto de tanto esfuerzo. Cuando una obra deja de representarse, desaparece.

Al crear una obra de este tipo, ¿el dramaturgo espera que ésta sea representada o cada vez se escribe más para ser leída?

Por lo general la primera intención del dramaturgo es que se represente. El teatro tiene como finalidad la representación, pero no deja de ser un género literario. Eso no debe olvidarse. Sin embargo, no quiero imaginar qué habría pasado si no se hubieran fijado los textos teatrales de Lope de Vega, de Plauto, de Aristófanes. Se han perdido muchas obras de las que tenemos noticias de su representación, pero no se publicaron. Está pasando con una parte de nuestro teatro contemporáneo. Cuando deja de representarse, entra en la dimensión de la invisibilidad. Por otra parte, hay casos de obras teatrales que no fueron pensadas para representarse, como ocurrió con Séneca. Hay otras que por su planteamiento son imposibles de representar, excepto que se adapten. Sea como sea, el texto siempre está ahí, y sin texto no hay teatro. Incluso el teatro gestual necesita una base de texto para desarrollarlo. Y, a veces, ese texto tiene valor literario, aunque se trate de un guion.

¿Cómo se encuentra la situación del teatro en España?

Si nos dejamos llevar por el rumor general y por las cifras, el teatro está en crisis desde su origen. Ya se quejaba el dramaturgo romano Terencio de que una de sus obras había fracasado porque el día del estreno el público abandonó el teatro a toda prisa debido a que alguien había anunciado que muy cerca de allí se celebraba un espectáculo callejero. Seguramente el teatro padece una crisis crónica. Pero también está en crisis la poesía, la novela, el formato de papel, las películas en las salas de cine. No sé si en España hay algo relacionado con la cultura que no esté en crisis. No obstante, en los últimos tiempos la oferta teatral es mayor que cuando yo tenía veinte años. Otra cosa es la respuesta del público. No imagino a la gente corriendo en desbandada a las salas de teatro. ¿Qué sería del teatro sin crisis? Creo que ya forma parte de su ADN, a pesar del despunte de los últimos años.

¿Hay muchos lectores de teatro?

Posiblemente sea el género literario que menos se lee en nuestro país. Menos incluso que la poesía, que ya es decir. Somos pocos, pero muy fieles al texto. Últimamente hay un brote de reivindicación del texto teatral. Cada vez más se ofrecen lecturas dramatizadas y poco a poco van surgiendo editoriales que apuestan por el género, aunque no deja de ser un acto de valentía.

¿Cómo podría impulsarse la recuperación de este género? ¿Cree que la televisión y los centros de enseñanza podrían tener un papel importante?

No sé si existe una fórmula. Al menos no hay una fórmula única. El teatro, como la música, necesita implantarse desde la infancia, en la escuela, en la educación. La asignatura de teatro, cuando se ofrece en los programas educativos, genera futuros aficionados al género. Pero si no se conoce, no se puede apreciar. La música y el teatro deberían tener valor de asignatura troncal en la enseñanza. Y, por supuesto, la televisión también puede poner su granito de arena. Durante muchos años hicieron una labor estupenda cuando se rodaban aquellos “Estudio 1” en Televisión Española. Algunos todavía seguimos alimentándonos de aquellas obras, que pueden verse en Internet. La visibilidad es importante. Igual que se hacen campañas de fomento de la lectura desde las instituciones, sería una buena idea hacer también campañas de fomento del teatro. Por mi experiencia, cuando los jóvenes van al teatro suelen reaccionar muy positivamente. Para ellos suele ser un descubrimiento, algo novedoso.

En este libro trata el tema de la vejez y de cómo ésta imposibilita a personas que, en su momento, fueron muy importantes. ¿Qué queda de la fama y de lo que somos cuando llega la vejez?

La vejez y la eternidad son dos constantes que se repiten en el libro. La decadencia, el paso del tiempo, todo esto se mueve a nuestro alrededor y nos cuesta enfrentarnos a ello. La literatura es una buena manera de hacerlo. Sin dramatismo, sin estridencias, con naturalidad. La fama es efímera, el éxito es efímero. Pero a veces nos aferramos a ellos. Estos temas me interesan como reflexión sobre la base de lo cotidiano.

¿Se encuentran los ancianos en una situación de inferioridad?

Más que inferioridad, yo diría indefensión. Pero parece que sólo se dan cuenta quienes lo viven en su propia piel o están cerca de ellos. Vivimos en un país envejecido que a veces mira para otro lado. La vejez se vive con frecuencia como un incordio. La soledad puede llegar a ser una tragedia. Y lo vivimos como si no fuera a llegarnos. Nos preocupamos mucho por los jóvenes, y no tanto por los ancianos. La indefensión es un drama. No sé si somos conscientes del sufrimiento que esto puede producir.

La esperanza de vida se ha alargado gracias, entre otras cosas, a los avances de la medicina. ¿Prefiere una vejez más corta o una más larga aunque eso pueda suponer una pérdida de memoria y la invalidez?

Cada vez vamos a vivir más. La medicina y la biología van por ese camino. Se presenta como un logro, pero yo lo veo como una tragedia de los próximos siglos. Eso es lo que pretendo mostrar en Fuera del tiempo. ¿Cómo sería nuestra vida si lográramos ser eternos? ¿Qué pasaría si nos saliéramos del tiempo, si superáramos las barreras? Supongamos incluso que los avances sanitarios nos procuraran una buena calidad de vida a los cien años. ¿Queremos ser ancianos de cien años, de doscientos, de trescientos? A mí la longevidad me produce pánico, aunque sea con una buena calidad de vida. La vida eterna, incluso después de la muerte, me parece un castigo más que un premio. Me interesa la intensidad mucho más que la duración.

¿Qué destacaría de su obra Se ofrece mezzosoprano para labores del hogar?

Es un falso monólogo que no trata sólo del éxito y del fracaso, aunque es lo primero que se podría deducir del texto. Trata de las relaciones tóxicas, de la esclavitud de los sentimientos, de verdugos y víctimas. Plantea algo que me preocupa hace tiempo: las víctimas que terminan convirtiéndose en verdugos. He conocido casos así y son terribles. El maniqueísmo me parece una estafa, una teoría para conformarnos. La línea entre la bondad y la maldad no está tan clara como nos han hecho creer a lo largo de los siglos. Las dos cosas están dentro de nosotros y depende de la educación, de las circunstancias sociales y de muchas más variantes que aflore lo uno o lo otro.

603.gifUna mujer tendría todo el peso de la representación en esta obra y elegir a la actriz es un trabajo fundamental. ¿Ha pensado en alguien en concreto?

Es una obra que no necesita mucha producción, pero requiere un trabajo actoral complejo. Y de dirección, por supuesto. No sé si hay una actriz ideal para representarlo. Supongo que no. Es un texto para hacerlo tuyo, pasarlo por el filtro de tus vivencias y “vomitarlo” con rabia o con ternura, dependiendo de cada momento de la historia. Si imagino a tres actrices, por ejemplo, veo tres obras distintas. Yo tengo mis preferencias, claro, pero prefiero quedármelas para mí, porque seguramente estaré equivocado.

Su protagonista dice: “Los celos son muy malos: cuando quieres decir «te quiero» te hacen decir «te odio». Y cuando quieres decir «te odio», te hacen decir «te quiero»”. ¿Qué papel juegan los celos en nuestra vida?

En mayor o menor medida, los celos están ahí. Son algo crónico de lo que pocas personas pueden escapar. Los celos incontrolados son un drama que puede conducir a la tragedia. Lo estamos viendo cada día, por desgracia, en los medios de comunicación. Los celos están muy relacionados con el sentido de posesión. Y a veces no se saben separar las dos cosas. No hay vacunas, no hay medicación, son irracionales. Me interesa como argumento literario porque es una manera de comprenderlos. En la vida real es imposible. Tratamos de convivir con nuestra parte racional y nuestra parte irracional. No entendemos aquello que escapa a nuestro control: celos, adicciones, enganches emocionales, sexuales. No sirven los consejos, no sirven las terapias, vienen y se van. Son una gripe emocional: se pueden mitigar los síntomas, pero si te toca no tienes más remedio que pasarlos. Existen también en la naturaleza, en el mundo animal. Hay que aprender a convivir con ellos. Aunque mires para otro lado, están ahí. Y hay casos extremos en que conducen a la locura.

Este mismo personaje afirma: “Pero es bueno recordar. Recordar para olvidar después”. ¿De qué sirve recordar si después se olvida?

Por lo general, mis personajes y yo nos parecemos poco. Me gusta mostrar lo que es diferente a mí. Yo habría dicho “es bueno recordar, es necesario recordar, no hay que olvidar”. La mente selecciona y olvida de forma natural aquello que nos hace daño. Lo mitiga. Yo hago esfuerzos por no olvidar. Los recuerdos dolorosos forman parte de nosotros y muchas veces nos hacen ser como somos. Escribir, para mí, es una forma de no olvidar. En la literatura intento mostrar una idea a través de su contrario. No me gusta la apología ni las moralinas.

Uno de los personajes de esta obra se lamenta: “Nadie llora ya como se lloraba antes. Hay algo de impostura en el llanto de hoy en día”. ¿Los sentimientos actualmente se viven con menos intensidad?

No creo que los sentimientos se vivan con menos intensidad. La mayoría son sentimientos universales que están por encima del tiempo y de las culturas. El personaje que dice esta frase se lamenta de los cambios del mundo. Es alguien que muestra pasmo por los cambios en los últimos siglos, incluso milenios, llega a decir. Muestra la sorpresa por lo diferente y se aferra a que “cualquier sentimiento pasado siempre fue mejor”. Yo pienso lo contario.

“El silencio y la soledad son el peor de los castigos”, según sus personajes de Fuera del tiempo. ¿La soledad y el silencio son un castigo para usted?

Para mí el silencio es todo lo contrario a un castigo. Mis personajes piensan de otra manera porque no viven en las mismas circunstancias que yo. Considero el silencio un tesoro en medio del ruido y de los bramidos que nos rodean. Sin embargo, la soledad sí me parece terrible cuando no es buscada. A eso me refiero cuando hablo de la longevidad, de la vejez, de la eternidad.

¿La simbología y la psique del escritor en la obra teatral están más presentes que en una obra narrativa?

Aparecen de la misma manera. El escritor es un filtro por el que pasan las vivencias externas. Aunque escribas sobre otros, aunque hables de cosas que no has vivido, el poso del escritor que queda en la obra y en los personajes es inevitable. Pero no depende tanto del género sino de la manera en que el escritor filtre las vivencias y se distancie o no de ellas. Yo trato de distanciarme lo más posible y que se note muy poco lo que hay de mí en los personajes o en la historia. No me gusta mostrarme, sino mostrar a los demás.

Un libro que recomiende.

Para no salirnos del teatro, Casandras, de Diana de Paco.

Un dramaturgo que recomiende.

Juan Mayorga.

 

Vía La Opinión.

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